El Scalextric no es un juguete. Es una experiencia.
Montas la pista. Conectas los coches. Le das al gatillo. Y de repente eres el piloto, el mecánico y el árbitro al mismo tiempo. Tu hijo también. Y si no tienes cuidado, también tu pareja, tu cuñado y el abuelo que había venido a tomar café.
Scalextric lleva en los salones españoles desde los años 60. Ha habido versiones más grandes, más pequeñas, más digitales, más analógicas. Pero la esencia es siempre la misma: dos coches, una pista y la discusión de quién ganó de verdad.
El Scalextric Junior es perfecto para empezar desde los 6 años. El clásico, para cuando ya se toman las curvas en serio.
Un aviso: si lo compras para tu hijo, acaba siendo tuyo. Siempre pasa.
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